Los seis ‘agujeros’ de la Ley de Emprendedores

6A pesar de las novedades, seguirá siendo complicado consolidar una empresa. Y el éxito estará penalizado.
Fuente: libremercado.com 29/05/2013

“Emprendedores”. Ésta es la palaba mágica de los últimos tiempos. Los políticos se pelean por ayudar a estos abnegados jovenzuelos, que innovan desde un garaje, como si fueran los Steve Jobs hispanos, que visten con zapatillas y camisetas de moda, y ya están pensando en abrir sucursales en Singapur o Miami.

El problema es que la imagen tiene muy poco que ver con una realidad que no siempre aparece en las propuestas de los partidos. Este viernes, el Gobierno presentaba el informe al Anteproyecto de Ley de Emprendedores. Son un puñado de medidas bienintencionadas y que cubren muchos de los aspectos de la actividad de las pequeñas empresas. Probablemente, será un paso adelante respecto a lo que había hasta ahora, especialmente en lo que se refiere a las facilidades en la creación de empresas, un campo en el que España está en los últimos lugares de los rankings más prestigiosos.

Pero el nuevo proyecto mantiene algunos agujeros. Son reivindicaciones clásicas de los expertos, los autónomos y las asociaciones de pymes. El Anteproyecto recoge algunos sólo en parte, olvida otros y apunta soluciones parciales en la mayoría:

1. ¿Ayudas para el que lo necesita?: la Ley de Emprendedores mantendrá la línea de las medidas aprobadas en el último año. Hay una batería de ayudas (la mayoría son descuentos en determinadas cuotas antes que subvenciones directas), entre las que destacan la famosa tarifa plana de 50 euros para los nuevos autónomos menores de 30 años. Como comenta en su blog el experto en estos temas Borja Prieto, los descuentos están limitados a un tiempo o a la edad del empresario y no a los resultados de la empresa. Hay proyectos que tardan más que otros, algunos que pueden tener beneficios al comienzo y luego estancarse, e incluso están los que se deciden a montar su negocio con 45 años. En otros países, como Reino Unido, las ayudas (o las exenciones) son generales o se asocian a la marcha del proyecto, no a límites más o menos arbitrarios.

2. La lotería de la fiscalidad: el sistema fiscal español no es especialmente favorable a la iniciativa empresarial. Pero hay una cuestión de la que no se habla muy a menudo: es tremendamente arbitrario. Los tipos generales son muy altos, pero luego existen infinidad de deducciones y bonificaciones. El problema es que éstas sólo benefician a algunas empresas, aquellas que se pueden acoger a las mismas.

Así, entre las medidas fiscales anunciadas en el anteproyecto, se prevé una deducción del 10% en la reinversión de beneficios para las empresas con ingresos inferiores a los 10 millones de euros. Es decir, en vez de tocar los tipos del Impuesto de Sociedades, que están en el 25 y el 30%, un nivel más elevado que la media de la UE, lo que se hace es anunciar nuevas excepciones que no todo el mundo tiene (sobre todos los “emprendedores”, que no tienen demasiados beneficios que reinvertir). Sin tocar la recaudación, se podrían reducir los tipos y eliminar las excepciones, pero tampoco será esta vez. Por cierto, hablando de nuevas empresas, hay que tener en cuenta que normalmente es más sencillo para las grandes conocer y aprovechar estas opciones que para las pymes.

Dicho esto, la medida estrella de la Ley de Emprendedores es la que aprueba el IVA de caja (se paga cuando se cobra) para las empresas con cifra de negocio de hasta 2 millones. Esto no quiere decir que no se vaya a pagar ese impuesto, sino que se amplía el plazo hasta el 31 de diciembre del año siguiente a la factura. Es decir, un servicio efectuado en junio de 2014 y no abonado, devengará una obligación con Hacienda 18 meses después. En ese plazo, la idea es que dé tiempo a perseguir al moroso.

3. El trabajo de los emprendedores: pocos de los nuevos autónomos o pequeños empresarios se lanzan a la aventura sin tener algún tipo de ingreso. Es muy habitual compaginar un empleo por cuenta ajena con el nuevo proyecto. En España, esta situación no está demasiado cuidada. Por un lado, hay que pagar Seguridad Social de autónomo (al menos una parte) y si te echan del trabajo pierdes el derecho al paro, por estar dado de alta por cuenta propia. Como explica Prieto, estas barreras no empujan precisamente a la toma de riesgos.

En este sentido, sí es interesante la medida aprobada por el Gobierno hace unos meses que permite la exención completa en el IRPF de las prestaciones por desempleo capitalizadas para aquellos que se hagan autónomos. Además, por primera vez se admite compatibilizar la prestación con el alta de autónomo. Eso sí, de nuevo es una medida restringida, sólo para menores de 30 años y si se pide en los 15 primeros días tras el comienzo de la actividad, algo que no siempre es sencillo).

4. Segunda oportunidad: no hay duda de que uno de los mayores miedos de los nuevos empresarios es el fracaso en su aventura. Lo normal es que inviertan buena parte de sus ahorros (y de sus familiares, en muchas ocasiones), por lo que una quiebra les puede suponer no sólo el cierre de la empresa, sino un drama vital. El Anteproyecto de Ley de Emprendedores prevé dos medidas para atenuar el impacto de una situación así: un mecanismo de “negociación extrajudicial” y la creación del Autónomo de Responsabilidad Limitada, que impondrá un límite en el embargo de deudas para proteger la vivienda habitual hasta un valor de 300.000 euros.

Quizás no sea suficiente. España carece de una Ley de Segunda Oportunidad, algo que ya se ha denunciado en los últimos meses con el tema de los desahucios. Los autónomos saben que ante las dificultades mercantiles responden con todo su patrimonio y no es una perspectiva especialmente agradable. Los empleados por cuenta ajena saben que tienen unos ingresos mínimos inembargables, algo que no cumple para los que trabajan por cuenta propia. Es un clamor entre las asociaciones del ramo que se apruebe algo en este sentido, similar a lo que está aprobado en los países de nuestro entorno, pero tampoco hay ninguna previsión al respecto.

5. Los límites del crecimiento: España tiene un problema grave con el tamaño de sus empresas. El número de micropymes es muy superior al de los países de nuestro entorno. Esto tiene un reflejo directo en la competitividad. A igual tamaño, las compañías españolas son igual de productivas que las alemanas. El reto es subir un escalón y crear más compañías de tipo medio grande (a partir de 100-200 empleados).

En este sentido, normas como la Ley de Emprendedores y algunas otras medidas aprobadas en los últimos meses no ayudan demasiado. Por ejemplo, las nuevas modalidades de contratos de trabajo aprobadas en los últimos meses van dirigidas sólo a pymes o micropymes. Y lo mismo ocurre con las ayudas fiscales o las líneas de crédito. No es que esté mal ayudar a los pequeños, pero ¿qué pasa con los grandes? A muchas empresas, cuando se acercan a los 10 trabajadores (primer límite entre pyme y micropyme) o a los 50 (segundo límite), les puede resultar rentable dar un paso atrás y dejar de crecer. A largo plazo, esto tiene efectos destructivos sobre la economía de un país.

6. ¿Dónde quedan los empresarios?: al final, el problema está en tratar de diferenciar entre emprendedores y empresarios, algo muy común en el discurso político de los últimos años. El Gobierno anunció el viernes que entre las medidas de la nueva ley está el “fomento del espíritu emprendedor en el ámbito educativo”. Pero un empresario no es nada más que un “emprendedor” que ha crecido, ha aguantado el chaparrón de los primeros meses y se ha consolidado. ¿Por qué penalizar el éxito?

Pero eso es lo que hace el discurso de nuestros líderes: el “emprendedor” es un tipo arriesgado, que lo pasa mal, no tiene dinero y lucha con sus dos o tres empleados por sacar un proyecto quimérico e idealista adelante. Mientras, el “empresario” aparece como un explotador que saca el jugo a sus trabajadores y trata de engañar a sus clientes para sacar un margen mayor. En realidad, son la misma persona, con sus virtudes y sus defectos; la única diferencia es de tiempo y de capacidad innovadora. La tendencia es castigar al que ha conseguido prosperar. La vicepresidenta habló de “cultura emprendedora”, pero hay algunas lecciones pendientes, también para nuestros políticos.

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